Monthly Archives noviembre 2016

El valor compartido (V): gestión de personas

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La empresa que aparece y se desarrolla en la nueva, “la era de la sostenibilidad”, se la conoce como “empresa disponible”. En su misión consta la generación de valor compartido.

Una consecuencia directa de incluir la generación de valor compartido en la misión de la organización, radica en la incorporación de la RSC, Responsabilidad Social Corporativa, a todos los niveles (estrategia, gestión y operación).

Ya se han analizado en artículos anteriores varias implicaciones que conlleva la generación de valor compartido. En el presente artículo se analiza otra implicación específica, la “gestión de personas”, que abarca mayor alcance que el aplicado hasta la fecha al departamento o área de recursos humanos (RR.HH.) o de personal.

El alcance radica en alinear los objetivos de la organización con los objetivos de las personas que la componen. Y se desarrolla en tres niveles diferenciados:

  • Nivel estratégico: adopción de la “sostenibilidad” en la misión y visión de la organización. Objetivo: alcanzar la plena satisfacción de las personas; en el óptimo, que sean felices.

  • Nivel de gestión: incorporar la RSC a nivel interno, a todo el personal de la organización. Objetivo: alcanzar un pleno desarrollo del personal; en el óptimo, que esté motivado.

  • Nivel operativo: aplicar la sostenibilidad y la RSC a los procesos, protocolos y procedimientos. Objetivo: flexibilidad, multitarea, creatividad, etc.; en el óptimo, eficiencia y eficacia.

Para efectuar una gestión de personas a partir de la generación de valor compartido, la organización deberá contemplar, entre otros aspectos a tratar, los siguientes:

  • Seguridad y salud laboral: velar por el control y, si es posible, evitación de incidentes y accidentes y aparición de enfermedades (físicas o psíquicas) o dolencias (crónicas o no). Acciones a desarrollar: prevención de riesgos, planificación preventiva, sensibilización, etc.

  • Equidad e igualdad: evitar tratos de favor, amiguismos, complicidades, sobornos, regalos, favores y cualquier otra manifestación o acción que favorezca un desigual trato a las personas. Acciones a desarrollar: plan de igualdad, incorporar este criterio en diferentes políticas, etc.

  • Conciliación: adoptar las medidas necesarias para acomodar el horario de trabajo del personal con las necesidades familiares y particulares de cada persona, en función del trabajo grupal. Acciones a desarrollar: bancos de tiempo, teletrabajo, permisos especiales, etc.

  • Formación: atender las necesidades formativas del personal, ya sea por iniciativa de la organización o a iniciativa del personal, aplicando una partida presupuestaria específica. Acciones a desarrollar: plan de formación, financiación total o parcial de formación, etc.

  • Diversidad: tener en cuenta diferentes variables, y puntos de vista, así como el cumplimiento de la normativa vigente (si es de aplicación), a la hora de seleccionar e incorporar personal. Acciones a desarrollar: incorporación según origen, discapacidad, inclusión, etc.

  • Retribución: tener en cuenta la compensación por el trabajo efectuado por el personal, de forma económica (tangible) o social (intangible y medible). Estará planificada y consensuada. Acciones a desarrollar: convenio colectivo, premios, voluntariado, beneficios sociales, etc.

Se han explicado aspectos diversos, de entre un amplio abanico de los existentes (y también futuros a partir de nuevas tendencias de producción, consumo, etc.). Pero todo ello irá siempre en función de la realidad y del entorno de la organización, que deberá tener en cuenta a la hora de acometer la gestión de personas, con la idea de generar valor compartido.

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El buenismo (III): el cambio necesario

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En la nueva era, “la era de la sostenibilidad”, emerge un nuevo ciudadano, se propone denominarlo así: “ciudadano moral”. Un fundamento de esta propuesta radica en el hecho de que adquiere en su ADN el compromiso social, y la guía de acción es el “buenismo”.

En el artículo anterior se detalló el beneficio que para el propio ciudadano le supone practicar el “buenismo”, el beneficio interno (ser bueno => ser feliz), que es la adición del beneficio externo (hacer el bien => hacer felicidad) y el beneficio social (a personas y a causas).

A partir de este beneficio constatado, el trabajo a desarrollar es el de generalizar este comportamiento definido bajo el paradigma de “la búsqueda del bien común”.

Para su arraigo primero y expansión después, se necesita actuar en diferentes ámbitos, contextos y situaciones. Se proponen algunas actuaciones en función de los siguientes entornos:

  1. Entorno laboral: en el desempeño de la actividad profesional.

  2. Entorno familiar: en el desempeño de la vida familiar directa e indirecta.

  3. Entorno comunitario: en la comunidad de vecinos, comunidad local, etc.

  4. Entorno privado: en el momento de ocio y privacidad.

  5. Entorno referencial: en el desempeño de tareas educaionales, formativas, etc.

  6. Entorno de relaciones: con sus amigos, conocidos y redes sociales, networking, hobbies, etc.

Los roles respectivos serían los siguientes:

  1. Como trabajador, directivo, emprendedor, accionista, colaborador, etc.

  2. Como padre/madre, hermano/a, nieto/a, y resto de relaciones de parentesco.

  3. Como miembro de la comunidad: vecinal, asociación, ONG, voluntariado, etc.

  4. Como miembro y/o practicante de actividades culturales, deportivas, etc.

  5. Como padre/madre, profesor/a, mentor/a, tutor/a, asesor/a en materia educacional/formativa.

  6. Como amigo, conocido, etc., con contacto más o menos frecuente (presencial o no).

A partir del lema que promueve la práctica del “buenismo”: “Desear y practicar los buenos días”, y del resultado obtenido con dicha práctica, definida como “co-crear los buenos días”, su desarrollo efectivo se efectúa en los entornos antes descritos, bajo la función que una persona desempeña en un lugar o en una situación (definición de rol).

El “buenismo” supone la piedra angular que va a definir el comportamiento del nuevo ciudadano, como ya se comentó en un artículo anterior, y para su arraigo y su desarrollo en la sociedad, será necesario identificar personas y causas que lo promuevan, lo potencien y lo hagan visible.

Y, finalmente, será necesario primero argumentar con hechos, registros y evidencias tangibles e intangibles, respecto de las mejoras obtenidas por la práctica del “buenismo”, tanto a nivel interno (bien propio) como a nivel externo (bien común). Y en segundo lugar, comunicarlo, propagarlo, difundirlo y, en último término, prescribir dicha práctica como algo necesario para un desarrollo más sostenible de la sociedad en general, y de los diferentes entornos en particular.

 

Publicado por Emilio Moral  |  0 Comentarios  |  en Ciudadano moral

ENTREVISTA a: Silvia Ayuso

silvia-ayusoSilvia Ayuso es la directora académica e investigadora principal de la Cátedra MANGO de Responsabilidad Social Corporativa de ESCI-UPF (Universidad Pompeu Fabra) (http://mango.esci.upf.edu), desde donde realiza estudios en el ámbito de la responsabilidad social. En los últimos años ha profundizado en una línea de investigación relacionada con el desarrollo y la aplicación de metodologías de medición del impacto social o socioeconómico de proyectos u operaciones empresariales que integren la perspectiva de los stakeholders.

Silvia es Doctora en Ciencias Ambientales por la Universidad Autónoma de Barcelona, Ingeniera de Tecnología Ambiental por la Universidad Técnica de Berlín y Diplomada en Filosofía por la Universidad Técnica de Berlín. Gracias a sus conocimientos en el ámbito de la responsabilidad y sostenibilidad empresarial participó como investigadora en el proyecto “Medición y valoración de la responsabilidad social de la empresa (RSE) en las empresas del IBEX 35” financiado por la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras. Recientemente se ha incorporado como Senior Research Fellow en el Grupo de Investigación ECRI (Ethics in Finance & Social Value) y como miembro de la Junta Directiva de GEAccounting (Global Economic Accounting), Agrupación de Interés Económico sin ánimo de lucro que promueve el desarrollo y la utilización de sistemas y métodos de contabilidad social.

Es la autora de numerosos artículos y libros en relación con el turismo sostenible, los instrumentos de gestión ambiental en las empresas, el diálogo con los grupos de interés, la innovación sostenible, el gobierno corporativo, la gestión responsable de la cadena de suministro, la gestión internacional de la RSC y las prácticas de sostenibilidad en PYMES. Antes de trabajar en ESCI-UPF ha sido investigadora post-doctoral en el Center for Business in Society y la Cátedra ‘la Caixa’ de Responsabilidad Social de la Empresa y Gobierno Corporativo de IESE Business School y colaboradora académica de la Universitat Oberta de Catalunya. También ha trabajado como consultora ambiental y auditora de sistemas de gestión ambiental (ISO 14001).

Entrevista:

Responsablia: ¿Cómo te defines a nivel personal y a nivel profesional?

Silvia Ayuso: Siempre he tenido claro que quería poner mi granito de arena para mejorar el mundo, al menos un poco. Por eso estudié ciencias medioambientales y me he dedicado profesionalmente a la consultoría, la docencia y la investigación en los campos de la gestión ambiental, la sostenibilidad y la RSC.

Responsablia: Como Directora académica de la Cátedra MANGO de RSC e investigadora, de entre las áreas de actuación relacionadas con la RSC, la de medición del impacto social y ambiental, causados por la actividad de la organización ¿Qué dificultades has encontrado para lograr obtener metodologías que sirvan como estándares de aplicación?

¿Se podría consensuar un estándar, a partir de una “reunión global” de las diferentes metodologías existentes en la actualidad?

Silvia Ayuso: Con respecto a la medición del impacto ambiental ya existen varios estándares para evaluar el impacto de un producto o de una organización, como por ejemplo la ISO 14040 de Análisis de Ciclo de Vida o el GHG Protocol para calcular las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, en el ámbito de la medición del impacto social no se ha alcanzado todavía un consenso, aunque hay algunas iniciativas que cabe destacar, como el Estándar Europeo de Medición de impacto para empresas sociales. Pero en este caso se trata más bien de unas orientaciones sobre el proceso a seguir para la medición del impacto que de una definición de los indicadores específicos a utilizar.

Responsablia: De entre las metodologías de medición del impacto social (y ambiental) existentes en la actualidad, ¿Nos podrías citar las 5 más utilizadas, y nos puedes definir brevemente sus características principales?

En tu opinión, ¿Podrías citar a qué organizaciones se aplican mejor cada una de ellas?

A partir de lo anterior, ¿Se puede concluir que debe existir una metodología por sector de actividad?

Silvia Ayuso: Mientras en el área ambiental la metodología de medición más utilizada seguramente es la huella de carbono, en el ámbito social la medición es todavía muy incipiente. La mayoría de empresas que quieren informar sobre su impacto social utilizan unos indicadores adhoc o los indicadores propuestos por el GRI (Global Reporting Initiative), y reportan datos como el número de beneficiarios de sus programas sociales y la cantidad de euros invertida – indicadores que reflejan los recursos aportados pero no el impacto social alcanzado – . Varias grandes empresas utilizan la metodología del London Benchmarking Group (LBG) para comunicar de forma más sistemática las contribuciones realizadas a la acción social y los resultados inmediatos obtenidos mediante indicadores cuantitativos y comparables entre empresas, pero no de forma adecuada para el impacto social conseguido, es decir, el cambio experimentado en la vida de los beneficiarios. Un grupo creciente de entidades sociales ha aplicado el SROI (Social Return on Investment) para medir el impacto o valor social generado por su actividad, asignándole un valor monetario y poniéndolo en relación con los recursos invertidos. Otras organizaciones, tanto públicas como privadas, han aplicado otros métodos para monetizar el valor social y ambiental que generan o destruyen, y así poder reflejar este impacto en la contabilidad económico-financiera.

Desde la Cátedra MANGO de RSC estamos trabajando precisamente en un informe que trata de comparar diferentes metodologías de medición de impacto social existentes para las empresas y analizar las características de cada una para poder evaluar su utilidad en diferentes contextos.

Responsablia: En la Cátedra MANGO de RSC ya se han efectuado estudios y documentos de trabajo sobre este tema. En tu opinión, ¿A qué conclusiones se han llegado hasta el momento?

A partir de todo lo comentado hasta ahora, ¿Nos podrías definir una secuencia de actuación general aplicable para una metodología estándar de medición del impacto social (y ambiental)?

Silvia Ayuso: En la Cátedra MANGO estamos aplicando la metodología SPOLY de cálculo del valor social, propuesta por GEAccounting (http://www.geaccounting.org). La razón principal por la que nos hemos decantado por esta metodología es que combina el rigor académico con la orientación práctica y se está desarrollando “en abierto” por una comunidad de universidades, consultorías y entidades usuarias. La fase fundamental de esta metodología es la identificación de los grupos de interés de la organización – en línea con la teoría de los stakeholders que fundamenta la RSC –, y la determinación del valor que perciben a través de entrevistas en profundidad y/o encuestas. A partir de allí, los pasos son similares a otras metodologías: se trata de buscar indicadores para medir los insumos y los resultados de las actividades y proxies (aproximaciones al valor), para traducirlos a términos monetarios, formular los algoritmos de cálculo pertinentes y sumar el conjunto de valores obtenidos.

Responsablia: Toda la labor efectuada para obtener metodologías de medición del impacto social (y ambiental), tanto por la Cátedra MANGO de RSC en particular, como por la comunidad internacional de la RSC en general, ¿Cómo trasladarla al ámbito formativo en las Universidades y Escuelas de Negocios?

En tu opinión, ¿Cómo justificar, argumentar y convencer a la comunidad formativa superior de la incorporación de la RSC en general, y de la acción social (y ambiental) en particular, generada por las organizaciones?

Silvia Ayuso: La RSC ya se está incorporando cada vez más en la formación empresarial. Opino que el discurso de que las empresas tienen una función social y que no solamente están al servicio de sus accionistas está calando. Pero creo que el desarrollo de un método para medir el impacto social y ambiental de la empresa facilitará enormemente la gestión y la comunicación de ese valor extra-financiero y hará más operativa la RSC.

Responsablia: Por último, te pedimos que compartas con nosotros una frase, un libro y un referente que te hayan influido en tu desarrollo personal y profesional.

Silvia Ayuso: Frase: Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas.” (Rabindranath Tagore)

Libro: Cualquiera de Antonio Muñoz Molina, uno de mis autores preferidos.

Referente: Las personas que son coherentes consigo mismas y ponen en práctica sus valores y sus creencias.

Responsablia: MUCHAS GRACIAS Silvia por contestar nuestro pequeño cuestionario, ha sido un placer contar contigo en nuestro decimoséptimo número del boletín de RESPONSABLIA. Espero haya sido de interés para nuestros suscriptores y lectores, a los que enviamos un afectuoso saludo.

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La empresa y el impacto social (III): medición del valor social generado

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Este es el tercer y último artículo que ha tratado la temática referida a “La empresa y el impacto social”.

En el primer artículo se comentó que la evaluación del impacto social generado por la actividad de la organización es uno de los pilares sobre los que se apoya la RSC, Responsabilidad Social Corporativa. Con la proclamación pública del compromiso, de la contribución y del propósito tanto de la RSC en general, como de la acción social en particular, la organización obtiene la denominada “licencia social para operar”.

En el segundo capítulo se mencionan las principales acciones y programas que la organización desarrolla para dar cumplimiento a la proclamación pública en su triple manifestación, tanto a nivel interno como a nivel externo.

En el presente artículo se desarrolla la necesidad de la medición del impacto social de la RSC (y que se puede extender al impacto medioambiental). Es necesario medir ymonetizar” el impacto social por, entre otras argumentaciones, evitar la existencia de “greenwashing” o marketing reputacional no sustentado sobre la RSC. La estrategia en RSC en su ámbito social, su medición supone el denominado “valor social generado”, que es el resultado generado por la estrategia de RSC llevada a cabo en su ámbito social, que implica la generación de mejoras en la vida de las personas, de la comunidad dónde se opera o de la sociedad en su conjunto.

Existen muchas metodologías que tratan de medir el impacto social, pero el propósito de este artículo es reseñar la necesidad e idoneidad de efectuar esta medición. Se justifica por los siguientes argumentos, que suponen una evidente generación de valor para la organización:

  • Requerimientos de los inversores (donantes, accionistas, propietarios, etc.).

  • Factor diferencial y benchmarking en su sector de actividad.

  • Mejora continua de los productos & servicios ofrecidos.

  • Mejora continua en los procesos & procedimientos internos, indicadores de gestión.

  • Identificación de aspectos esenciales para los grupos de interés.

  • Mejora en la relación e involucración de los grupos de interés.

  • Incremento del valor intangible de la organización.

  • Mejora de la reputación corporativa y de la imagen de marca.

  • Mejor acceso a nueva financiación exterior, incluso por programas y acciones.

  • Mejor asignación de gastos, recursos y procesos.

  • Posibilidad de obtención de mejoras fiscales, ayudas o subvenciones públicas.

  • Consolidar la estrategia y la identidad corporativas.

Lo que no se mide no se puede mejorar” (frase atribuida a Peter Drucker). A pesar de la multiplicidad de metodologías existentes, desde aquí se defiende una metodología “ad-hoc” que contemple el ciclo de mejora continua, con los siguientes apartados:

  1. Planificar: las acciones a realizar, los grupos de interés afectados y establecer indicadores.

  2. Hacer: efectuar las acciones y programas, recoger toda la información y efectuar registros.

  3. Evaluar: análisis de la información y evaluación de los resultados obtenidos.

  4. Revisar: comunicar los resultados, tomar decisiones, establecer metas y re-iniciar el proceso.

Desde Responsablia, como consultoría especializada en materia de RS&S, Responsabilidad Social & Sostenibilidad, a partir de la incorporación de la RSC en las organizaciones, ayudamos en la gestión del impacto social, con acciones de asesoría, formación y sensibilización que, entre otros beneficios, otorga a la organización la “licencia social para operar”.

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