Ciudadano moral

Los valores (X): social y amistoso

Estamos inmersos en la denominada “era de la sostenibilidad”, que se caracteriza por la sensibilidad y preocupación acerca del impacto que provocan la producción y el consumo no sólo a nivel económico, también a nivel social y medioambiental.

Esta sensibilidad la lidera el nuevo ciudadano, que contribuye al desarrollo sostenible, a partir de la consolidación de una nueva conciencia basada en una serie de valores que la sustentan. Estos valores son los que guían la actuación y el comportamiento, las conductas y los actos, todos ellos con una meta: promover el desarrollo sostenible a toda la sociedad.

Al nuevo ciudadano proponemos desde este blog con el nombre de “ciudadano moral”, y a los valores antes mencionados, también proponemos que se configuren en un código llamada “eticismo”. Dicho código lo conforman 10 valores duales.

El décimo valor dual se llama “social y amistoso”. Se propone una explicación a continuación.

Ser social significa que una persona pertenece a una sociedad. Y en general, pertenece a un grupo social, definido porque las personas de ese grupo interactúan entre ellas para conseguir un objetivo común y diverso a la vez, consensuado por la mayoría.

Lo amistoso se relaciona con la amistad. La amistad significa un afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato.

Con el objetivo claro que el nuevo ciudadano tiene para difundir, promover y practicar el desarrollo sostenible, las fases para su implementación serían las siguientes:

  • Localizar a tus semejantes: ciudadanos con el mismo objetivo.
  • Añadir nuevos integrantes: nuevos ciudadanos que se añaden para alcanzar el mismo objetivo.
  • Incorporar buenas prácticas: seleccionarlas como argumentos.
  • Localizar referentes: ciudadanos ejemplares que han contribuido de forma importante con el logro del objetivo común.
  • Establecer alianzas: entre diferentes razas, etnias, ideologías, etc., para alcanzar el mismo objetivo.
  • Promover objetivos comunitarios: pasar de lo individual a lo comunitario.
  • Fomentar acuerdos: establecer normas de funcionamiento que velen por el logro del mismo objetivo.
  • Viralizar logros: que lleguen a la máxima ciudadanía posible, para que lo tengan en cuenta.
  • Asumir comportamientos: ir incorporando de forma paulatina y de forma consciente, conductas que favorecen el objetivo común.
  • Ser inconscientemente sostenible: cada vez más, se actúa de manera natural hacia conductas que favorecen el desarrollo sostenible.

Sin ser social, es decir, sin estar incorporado en un grupo de personas y, no menos importante, sin ser amistoso, no se podrá alcanzar el objetivo común de apostar de forma decidida por un desarrollo sostenible.

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Los valores (IX): creatividad y aprendizaje

Uno de los aspectos que definen a la sociedad actual, es la preocupación por los impactos que la producción y el consumo generan a nivel económico, social y ambiental.

Por lo tanto, se conviene desde este blog que la nueva era es “la era de la sostenibilidad”.

En este contexto surge un nuevo ciudadano preocupado por los impactos que el actual desarrollo económico provoca en la economía, en la sociedad y en el planeta.

Por lo tanto, el nuevo ciudadano contribuye el desarrollo sostenible, y lo hace con sus actos, conductas y comportamientos. Este nuevo ciudadano, desde este blog se le propone que lleve el nombre de “ciudadano moral”.

Para promover un desarrollo más sostenible, el nuevo ciudadano tiene que dotarse de una serie de valores sobre los cuales se sustentan nuevas actitudes en las que se basan los actos, conductas y comportamientos antes mencionados. Los valores en este blog se propusieron de forma dual, incluidos en un código que se bautizó con el nombre de “eticismo”.

El código lo componen 10 valores duales, los cuales se están desarrollando de forma separada en el blog. El noveno valor dual se llama “creatividad y aprendizaje”.

La creatividad se refiere a la facultad de crear, la capacidad de creación. Crear supone fundar, establecer, introducir por primera vez algo.

El aprendizaje se refiere, en nuestro contexto, a la adquisición por la práctica de una conducta duradera.

Por lo tanto, el nuevo ciudadano, firmemente convencido de la necesidad de fomentar, promover y contribuir al desarrollo sostenible, aplicará la creatividad y el aprendizaje para afianzar esa ingente tarea que, junto con otros actores sociales, llevará a cabo.

La creatividad servirá para encontrar soluciones a los desafíos que provienen de la producción actual de diferentes sectores de actividad económica, del consumo intensivo, del trabajo estresante, de los residuos generados, etc. Se ofrecerán soluciones en forma de alternativas tales como la economía circular, la economía colaborativa, el consumo consciente, el trabajo decente o la obtención de eficiencia energética a través de energías renovables.

Muchas veces, las alternativas propuestas deben de venir acompañadas de la voluntad de hacer las cosas de otra forma, lo que implica un aprendizaje en su sentido más extenso, que el nuevo ciudadano adquiere, teniendo en cuenta que una característica que le define es que es propenso al cambio. Y este cambio se da en su conducta, para ser sensible y dar apoyo al desarrollo sostenible.

Las conductas se deben enseñar, con argumentos en forma de resultados a partir de indicadores de logros, metas y objetivos alcanzados en, por ejemplo, un ahorro de costes, de energía, de residuos, absentismo laboral. o mejoras en la retención del talento, confianza del cliente, etc.

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Los valores (VIII): solidaridad y generosidad

En la actualidad, la sociedad globalizada está inmersa en el cumplimiento de unos objetivos globales de “Desarrollo Sostenible”. Por ello, desde aquí se constata que estamos ante una nueva era, la “era de la sostenibilidad”.

Por todo ello, ya no sólo se da un predominio y preocupación casi exclusiva en el impacto económico generado, también se valoran los impactos de índole ambiental y social.

Esta preocupación provoca el surgimiento de un nuevo ciudadano, que apoya sin reservas el cumplimiento de los objetivos globales antes mencionados, por lo que contribuye y promueve el apoyo al desarrollo sostenible. A este nuevo ciudadano le hemos propuesto que se llame “ciudadano moral”.

La contribución al desarrollo sostenible supone un nuevo paradigma de actuación, que debe apoyarse en una nueva conciencia global. Ésta se debe apoyar en una serie de valores, aquí propuestos e incluidos en un código que se propuso con el nombre de “eticismo”.

Este código lo componen 10 valores duales, los cuales se están explicando uno a uno en el blog. El octavo valor dual se llama “solidaridad y generosidad”.

La solidaridad se refiere a ayudar sin recibir nada a cambio con la aplicación de lo que se considera bueno. También se refiere al sentimiento y la actitud de unidad, basado en metas o intereses comunes. Es ésta segunda acepción la aplicable a efectos del propósito común de contribuir al desarrollo sostenible.

La generosidad es el hábito de dar o compartir con los demás sin recibir nada a cambio. La generosidad no ha de estar basada solamente en actos paliativos puntuales, ante desastres o siniestros de todo tipo. Al contrario, incluye las intenciones puras del nuevo ciudadano de mirar hacia fuera para el bien común de la sociedad, o bien de terceros individuos o grupos, y así dar ejemplo a los demás.

Aunando ambas definiciones para el propósito perseguido por el nuevo ciudadano, éste actuará con solidaridad, es decir, será solidario con sus conciudadanos que sienten y piensan lo mismo que él, aunados en la contribución al desarrollo sostenible. Y su actuación será generosa en esfuerzo de tiempo y dedicación, dando ejemplo y siendo referente.

Con estas prácticas promovidas desde este valor dual, se favorece la tarea de implicar, previa explicación, con argumentos y razonamientos de las bondades del apoyo y contribución al desarrollo sostenible, a nuevos ciudadanos y, por tanto, de obtener nuevos apoyos a la causa global.

Hay que remarcar que este valor dual es uno de los valores que más explícitamente valoran la contribución al bien común, además de pensar en el bien propio. Es uno de los cambios más importantes a dar en el cambio de paradigma global.

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Los valores (VII): respeto y tolerancia

En la transformación que está sufriendo en la actualidad la sociedad, definida con uno de sus características que la definen, se constata que estamos ante la “era de la sostenibilidad”.

Viene definida por la preocupación global en proponer un desarrollo sostenible, en el que se tengan en cuenta los aspectos de impacto económico, social y medioambiental.

Esta preocupación provoca el surgimiento de un nuevo ciudadano concienciado en que debe contribuir a fomentar y apoyar el desarrollo sostenible. A este nuevo ciudadano le hemos propuesto que se llame “ciudadano moral”.

Para contribuir al desarrollo sostenible, debe existir una nueva conciencia global, y ésta se basa en el desarrollo de una serie de valores, aquí propuestos en un código que se denominó “eticismo”.

Este código lo componen 10 valores duales, los cuales se están explicando uno a uno en el blog. El séptimo valor dual se llama “respeto y tolerancia”.

El respeto significa, por un lado la veneración o acatamiento que se hace a alguien; por otro lado, miramiento, consideración o deferencia.

La tolerancia implica el respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.

A partir de las definiciones oficiales de los dos términos, ambos se pueden aunar diciendo que la tolerancia es una manifestación y ejemplo de respeto, en concreto, a las ideas, creencias o prácticas del otro.

El nuevo ciudadano está convencido de las bondades, ventajas, aportación de valor compartido, generación de valor intangible, beneficios y demás mejoras que para la sociedad, la economía y el planeta produce el fomentar y afianzar el desarrollo sostenible.

Este convencimiento se debe trasladar a las personas que todavía no participan en este cambio de paradigma y, para ello, se debe incorporar este valor dual, es imprescindible dialogar y relacionarse con estas personas desde el respeto al otro y a sus diferentes prácticas y comportamientos.

Pero al mismo tiempo, no se debe desfallecer en el intento de convencer a esas personas de que pueden cambiar y pueden, desde pequeñas acciones y de forma progresiva, sin prisa pero sin pausa, contribuir al desarrollo sostenible.

Hay que tener poder de convicción y dado que se conocer los múltiples beneficios que ya proporciona el desarrollo sostenible en diferentes comunidades, territorios, entidades diversas y empresas, es conveniente aportar estas buenas prácticas y estos buenos resultados que, en su mayoría, ya han sido publicados y, por tanto, compartidos como “benchmarking”.

Pero sobretodo, hay que mantener siempre el respeto y la tolerancia ante resultados no esperados a los que se pretenden obtener, como rechazo, ninguneo o posponer la acción para más adelante.

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Los valores (VI): honestidad y honradez

En una época de cambio de paradigma, una de las principales preocupaciones radica en nuestro modelo de crecimiento, y se enfoca cada vez más a una “era de la sostenibilidad” donde se cuidan no sólo los aspectos económicos, sino también los ambientales y sociales.

Para ello los ciudadanos deben comprometerse a contribuir al desarrollo sostenible, en sus actuaciones y conductas, pero también en sus diferentes roles y relaciones.

Es en este contexto que nace un nuevo ciudadano, que desde aquí se propone con el nombre de “ciudadano moral”, y se preocupa por tener un propósito que le guía: la contribución al desarrollo sostenible.

Para ello se dota de una serie de valores, que constan en un código que se explicó con anterioridad en el presente blog, con la propuesta de título siguiente: “eticismo”.

Dicho código consta de 10 valores duales. El sexto valor dual es el siguiente: “honestidad y honradez”.

La honestidad significa tener la cualidad de honesto. Ser honesto implica ser, por un lado decente, razonable y justo; por otro lado implica ser probo y recto.

La honradez significa tener rectitud de ánimo, integridad en el obrar. Por lo tanto, ser honrado implica proceder con honradez.

A efectos de contribuir al desarrollo sostenible, el nuevo ciudadano debe incorporar este valor dual, sin ningún tipo de restricción, fisura, reserva, ahorro ni esfuerzo; por lo tanto, implica su incorporación en toda su plenitud y extensión.

Ello se debe a las innumerables bondades que emanan de las definiciones de los términos analizados, en concreto, la capacidad de tener la máxima probabilidad de sumar a la causa, al propósito del nuevo ciudadano, a muchas personas que, por diferentes motivos (sectores vulnerables, culturas diferentes, prejuicios y estereotipos, ideologías políticas restrictivas con el bien común, etc.), no tenían a ningún referente al que poder acudir.

Los argumentos, la exposición de las ventajas, incluyendo la necesidad de cambio de paradigma, en aspectos tan sensibles como el consumo, en la producción, en la gestión de lo sobrante, la compra pública, etc., son aspectos que, si se tratan con este valor dual, generan mucho más impacto.

Promover acuerdos, alianzas, proyectos, equipos de trabajo, etc., con el propósito de contribuir al desarrollo sostenible, se deberá proceder con rectitud y decencia (honestidad) y con rectitud de ánimo e integridad (honradez).

El convencimiento de “convencer con el ejemplo” es, en este caso concreto, totalmente aplicable. Y es conveniente aplicarlo, no sólo en los aspectos que afectan a la economía, también en los que afectan al planeta y a la sociedad en su conjunto.

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Los valores (V): credibilidad y confianza

La sociedad actual vive una época de cambio de paradigma. Uno de sus atributos que lo definen es el postulado de “la era de la sostenibilidad”. Y se rige por la contribución al desarrollo sostenible de cada ciudadano, en sus acciones, comportamientos y relaciones.  Ante este contexto, surge un nuevo ciudadano, que aquí denominamos como “ciudadano moral”.

Para poder llevar a cabo su misión de contribuir de la mejor manera posible al desarrollo sostenible, a partir de sus capacidades, habilidades, aptitudes y, por supuesto, actitudes y expectativas, se dota de una serie de valores, los cuales se están explicando en esta serie de artículos.

La relación de los valores propuestos, constan en un código, ya explicado con anterioridad en este blog, que se propuso con el nombre de “eticismo”.

Dicho código consta de 10 valores duales. El quinto valor dual es el siguiente: “credibilidad y confianza”.

La credibilidad significa tener la cualidad de creíble. Implica “tener a alguien por veraz”. Ser veraz significa “que dice, usa o profesa siempre la verdad”.

La confianza se define como “la esperanza firme que se tiene de alguien o algo”.

Para generar confianza y credibilidad, el nuevo ciudadano, en su esfuerzo por contribuir al desarrollo sostenible, tiene que ser ejemplo de que con su comportamiento y actuación constantes en esa dirección, se obtienen unos beneficios que repercuten positivamente en la economía, la sociedad y el planeta.

Y estos beneficios, hay que explicarlos, con documentación, con información y con comunicación que suponga una verdadera rendición de cuentas de su actividad. Ello implica ser ético y transparente, es decir, explicar qué ha ocurrido, cómo ha ocurrido y qué impacto ha provocado cualquier situación que se haya llevado a cabo.

Todos los esfuerzos llevados a cabo, no siempre llevan a resultados inmediatos, a objetivos prefijados o a logros estimados. Es especialmente en estos casos cuando hay que vencer la opacidad, la confidencialidad, la “post verdad” y otros “trucos” para no informar y comunicar sobre ello. Supone un paso atrás evidente en la generación de confianza y credibilidad hacia el exterior, hacia las personas que quieren recibir datos, muestras, información y pruebas palpables y escrutables sobre las bondades de los beneficios que se obtienen con las acciones que se llevan a cabo para contribuir al desarrollo sostenible.

Muchas veces los esfuerzos personales son insuficientes, y hay que establecer alianzas con otros actores, grupos de ciudadanos, entidades o representaciones de la sociedad civil. Y estos apoyos se obtienen de forma mucho más efectiva siendo creíble y generando confianza.

Por lo tanto, para conseguir los objetivos que se persiguen, hay que fomentar y transmitir credibilidad y confianza. Y la única manera de hacerlo es con un comportamiento ético y transparente, de forma permanente.

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Los valores (IV): entusiasmo y alegría

La actualidad, la “era de la sostenibilidad”, viene definida por uno de sus principales objetivos globales, la contribución al desarrollo sostenible. La manera (aptitud) y el esfuerzo (actitud) en que una persona contribuye al mismo a dado lugar al surgimiento de un nuevo ciudadano que, bajo este contexto, se le denomina “ciudadano moral”.

Para poder contribuir al desarrollo sostenible, el nuevo ciudadano, en sus múltiples capacidades, roles, facetas y actuaciones, debe dotarse de una serie de valores. Éstos ya se expusieron en este mismo blog, en un código que se propuso con el nombre de “eticismo”.

El código consta de “diez valores duales”. El cuarto de ellos es el valor dual denominado “entusiasmo y alegría”.

El entusiasmo se define como “la exaltación y la fogosidad del ánimo, excitado por algo que lo admire o cautive”. También significa “la adhesión fervorosa que mueve a favorecer una causa o empeño”.

La alegría se define como “el sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores”.

Se ha constatado que, en la actualidad, el nuevo ciudadano tiene que cumplir, en sus diferentes planos de actuación (principalmente el profesional y el personal), con su contribución al desarrollo sostenible y, en el óptimo, su fomento, difusión y propagación.

Por lo tanto, tanto en su comportamiento, en su actitud y en sus relaciones profesionales y personales, con sus diferentes grupos de interés y en sus diferentes círculos de conocidos, tiene que transmitir este convencimiento a que todas y cada una de las personas que forman parte de la comunidad local en particular, y de la sociedad en general.

Todas ellas deben conocer y valora su contribución al triple objetivo global del desarrollo sostenible: la sostenibilidad de la sociedad, la economía y el planeta.

Si esta acción a llevar a cabo por el nuevo ciudadano se acompaña de entusiasmo y alegría, hay un gran camino recorrido, ya que la adhesión a esta causa con convencimiento contagia fervor y admiración.

Dichos aspectos que surgen a través de una relación con las personas con entusiasmo y alegría, suponen un ingrediente esencial para lograr la más que probable incorporación de nuevos ciudadanos a la causa común.

Si las acciones, sus fundamentos, razonamientos, explicaciones y evaluación vienen acompañadas de una buena actitud visibilizada a través de entusiasmo y alegría, generan una mayor probabilidad de aceptación y, como mínimo, atención por parte de los interlocutores, que valorarán aquéllas con mayor probabilidad de adhesión.

Por lo tanto, la incorporación de nuevos ciudadanos a la contribución al desarrollo sostenible, no sólo viene determinado por los beneficios ingentes que se puedan explicar, sino por cómo son explicados. Una fórmula propuesta es la de explicarlos con entusiasmo y alegría.

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Los valores (III): comprensión y paciencia

En la nueva era, conocida como “la era de la sostenibilidad”, definida a partir de uno de los aspectos que la definen en la actualidad, surge a partir de las preocupaciones crecientes de la sociedad y de la ciudadanía en la manera de contribuir al desarrollo sostenible. Ello motiva la aparición de un nuevo ciudadano, que bajo esta perspectiva le denominamos como “ciudadano moral”.

El nuevo ciudadano contribuye al desarrollo sostenible, en sus roles profesional y personal, en sus actitudes, comportamientos y relaciones. Para ello incorpora una serie de valores definidos en un código, ya definido en un artículo anterior, que se propuso con el nombre de “eticismo”.

Dicho código se compone de un total de “10 valores duales”. El tercero de ellos es el valor dual “comprensión y paciencia”.

La comprensión se define como “la facultad, capacidad o perspicacia para entender y penetrar las cosas”. Una actitud comprensiva es aquella que tiene el ciudadano, y que tiende a ser tolerante.

La paciencia se define como “la capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse”. Otra definición complementaria es la siguiente: “la facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho”.

El nuevo ciudadano, que como se ha indicado con anterioridad, está convencido en que debe contribuir al desarrollo sostenible, dicho convencimiento ha venido precedido de su comprensión, es decir, lo ha tenido que incorporar en su conocimiento primero, y en su actitud y comportamiento después.

Y en sus relaciones con el resto de ciudadanos, no todos todavía conscientes de que es imprescindible contribuir a la sostenibilidad de la sociedad, de la economía y del planeta, el nuevo ciudadano deberá transmitir este conocimiento, este convencimiento de su “modus operandi”, a los demás, incorporando la comprensión ante las opiniones, posturas, reacciones o actitudes no coincidentes con la suya, en su totalidad o de forma parcial.

Además de la cualidad de ser comprensivo, deberá ser paciente, pues el grado de convencimiento del nuevo ciudadano respecto a su contribución al desarrollo sostenible, le dota de este valor dual como herramienta fortalecedora ante circunstancias adversas, reacciones no previstas ni deseables, y otros tipos y modalidades de respuesta en las relaciones que mantiene con la ciudadanía que no quiere, no sabe o no conoce la necesidad de dicha contribución.

La consecuencia de tener esta doble capacidad de ser comprensivo y paciente, le provoca el efecto de ser resiliente”, que implica tener la capacidad de adaptarse frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos, como los explicados en el párrafo anterior. Además, recupera el estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido el nuevo ciudadano, una vez superada la sorpresa inicial ante una situación que, aunque probable, no siempre se espera, pues cada persona es única y reacciona y se manifiesta de forma diferente.

Esta cualidad compuesta en este valor dual, es una fortaleza de indudable valor para el nuevo ciudadano, para resistir los embates de corrientes e intereses contrarios, adversos o no alineados al desarrollo sostenible.

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Los valores (II): sinceridad e integridad

En la nueva era, conocida como “la era de la sostenibilidad”, incorporando uno de sus atributos que la definen, se intenta corregir los errores que provocaron la crisis global, involucrando a la ciudadanía y a los agentes sociales a la contribución del desarrollo sostenible. Ello provoca la aparición de un nuevo ciudadano, en en este contexto le llamamos “ciudadano moral”.

Para que el nuevo ciudadano pueda contribuir al desarrollo sostenible, tanto en su rol profesional como sobretodo en el personal, incorpora una serie de valores, definidos en un código ya explicado con anterioridad, que se propuso con el nombre de “eticismo”.

El código se componía de un decálogo de “valores duales”. El segundo de ellos es el valor dual sinceridad e integridad.

La sinceridad se define como “el modo de expresarse o de comportarse libre de fingimiento”. Es sinónimo de veracidad, “persona que dice, usa o profesa siempre la verdad”.

La integridad se define como “la cualidad de ser una persona recta, proba, intachable”. La cualidad de ser intachable implica “la ausencia de una falta, nota o defecto que se halla en una cosa y la hace imperfecta”.

La sinceridad implica el expresar las opiniones, convicciones y acciones que configuran su pensamiento que motiva su comportamiento, con argumentos concretos, fiables, escrutables y, por supuesto, modificables ante mejoras de la otra parte (otro interlocutor) con los suyos propios.

La sinceridad también Implica la ausencia de una diferencia entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace. Por lo tanto, esas tres concepciones están perfectamente alineadas.

Y dicha alineación se acentúa hasta su “solidificación” con la integridad, es decir, la ausencia de duda en cuanto a la opinión expresada y el comportamiento esperado a posteriori.

Se podría asociar que la sinceridad mantenida en el tiempo es una fuente de generación de confianza, y la integridad mantenida en el tiempo es una fuente de generación de credibilidad.

Unidas ambas, la sinceridad y la integridad, tenemos a un ciudadano dispuesto a contribuir al desarrollo sostenible desde una posición nítida y libre de imperfecciones, convencido de las metas a alcanzar, y sin ambigüedades, sin titubeos ni dudas y, lo más importante, sin cambios de discurso en función de las situaciones, de los foros de discusión o de los lugares dónde se encuentre el ciudadano.

Es importante transmitir confianza y credibilidad que, como se ha comentado con anterioridad, emanan de la sinceridad y la integridad respectivamente. Ello implicará que los mensajes de contribución a la sostenibilidad de la economía y de la sociedad ganen mucha fuerza y lleguen sin sesgos a esos destinatarios, los ciudadanos que todavía no han adoptado el “gen sostenible” -uno de los atributos fundamentales que adopta el nuevo ciudadano-, para que se incorporen a ese propósito que les afecta a todos.

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Los valores (I): bondad y humildad

En la nueva era, definida como “la era de la sostenibilidad”, todos sus actores individuales y grupales están involucrados en contribuir al desarrollo sostenible. Este hecho trascendental motiva la aparición y consolidación de un nuevo ciudadano, que bajo estas premisas le llamaremos “ciudadano moral”.

Para que el nuevo ciudadano desarrolle de forma satisfactoria su contribución a una sociedad y economía más sostenibles, se dota de una serie de valores, definidos en un código al que en un anterior artículo de este blog se denominó “eticismo”.

La definición que se daba sobre el código era la siguiente: “Es el código en el que se basa el razonamiento sobre el que el nuevo ciudadano fundamenta su conducta y comportamiento. Y se propone en forma de decálogo de valores, los cuales son duales, en el sentido de que se retroalimentan y se apoyan mutuamente”.

En los próximos artículos vamos a analizar este decálogo de valores duales. El primero de ellos es el valor dual “Bondad y Humildad”.

La bondad se define como “cualidad de bueno; natural inclinación a hacer el bien”. El bien, en la teoría de los valores, se define como “la realidad que posee un valor positivo y por ello es estimable”.

La humildad se define como “la virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento.”

Por lo tanto, el nuevo ciudadano, en su conducta y comportamiento dirigidos a contribuir al desarrollo sostenible, lo hará desde la bondad, convencido que el desarrollo sostenible es “el bien global” pactado por los estados que conforman el mundo, para la sostenibilidad del planeta, de la sociedad y de la economía. Por lo tanto, el propósito que le guía a esa contribución es “per se” definida como positiva por el resto de individuos los cuales, en principio, también están alineados en este propósito.

Además, a la par que con la bondad, el propósito que guía al nuevo ciudadano también será sustentado desde la humildad, potenciando las cualidades para las que el nuevo ciudadano cree que podrá ser más eficiente en su labor, para minimizar sus debilidades de la que es consciente.

La humildad es también una agente de búsqueda de alianzas y sinergias en pro del propósito común de contribución al desarrollo sostenible, pues a partir de las limitaciones que cada ciudadano tiene, busca una solución con la ayuda, colaboración y cooperación de otros ciudadanos con la complementariedad personal y profesional necesarias para llevar a cabo con éxito el propósito que comparten.

Este valor aunado como “bondad y humildad”, implica por tanto que contribuir al desarrollo sostenible es algo que realmente es positivo para todos y, entre todos, se coopera y colabora para llegar al máximo cumplimiento de los objetivos y metas previamente definidos.

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