Ciudadano moral

Los valores (V): credibilidad y confianza

La sociedad actual vive una época de cambio de paradigma. Uno de sus atributos que lo definen es el postulado de “la era de la sostenibilidad”. Y se rige por la contribución al desarrollo sostenible de cada ciudadano, en sus acciones, comportamientos y relaciones.  Ante este contexto, surge un nuevo ciudadano, que aquí denominamos como “ciudadano moral”.

Para poder llevar a cabo su misión de contribuir de la mejor manera posible al desarrollo sostenible, a partir de sus capacidades, habilidades, aptitudes y, por supuesto, actitudes y expectativas, se dota de una serie de valores, los cuales se están explicando en esta serie de artículos.

La relación de los valores propuestos, constan en un código, ya explicado con anterioridad en este blog, que se propuso con el nombre de “eticismo”.

Dicho código consta de 10 valores duales. El quinto valor dual es el siguiente: “credibilidad y confianza”.

La credibilidad significa tener la cualidad de creíble. Implica “tener a alguien por veraz”. Ser veraz significa “que dice, usa o profesa siempre la verdad”.

La confianza se define como “la esperanza firme que se tiene de alguien o algo”.

Para generar confianza y credibilidad, el nuevo ciudadano, en su esfuerzo por contribuir al desarrollo sostenible, tiene que ser ejemplo de que con su comportamiento y actuación constantes en esa dirección, se obtienen unos beneficios que repercuten positivamente en la economía, la sociedad y el planeta.

Y estos beneficios, hay que explicarlos, con documentación, con información y con comunicación que suponga una verdadera rendición de cuentas de su actividad. Ello implica ser ético y transparente, es decir, explicar qué ha ocurrido, cómo ha ocurrido y qué impacto ha provocado cualquier situación que se haya llevado a cabo.

Todos los esfuerzos llevados a cabo, no siempre llevan a resultados inmediatos, a objetivos prefijados o a logros estimados. Es especialmente en estos casos cuando hay que vencer la opacidad, la confidencialidad, la “post verdad” y otros “trucos” para no informar y comunicar sobre ello. Supone un paso atrás evidente en la generación de confianza y credibilidad hacia el exterior, hacia las personas que quieren recibir datos, muestras, información y pruebas palpables y escrutables sobre las bondades de los beneficios que se obtienen con las acciones que se llevan a cabo para contribuir al desarrollo sostenible.

Muchas veces los esfuerzos personales son insuficientes, y hay que establecer alianzas con otros actores, grupos de ciudadanos, entidades o representaciones de la sociedad civil. Y estos apoyos se obtienen de forma mucho más efectiva siendo creíble y generando confianza.

Por lo tanto, para conseguir los objetivos que se persiguen, hay que fomentar y transmitir credibilidad y confianza. Y la única manera de hacerlo es con un comportamiento ético y transparente, de forma permanente.

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Los valores (IV): entusiasmo y alegría

La actualidad, la “era de la sostenibilidad”, viene definida por uno de sus principales objetivos globales, la contribución al desarrollo sostenible. La manera (aptitud) y el esfuerzo (actitud) en que una persona contribuye al mismo a dado lugar al surgimiento de un nuevo ciudadano que, bajo este contexto, se le denomina “ciudadano moral”.

Para poder contribuir al desarrollo sostenible, el nuevo ciudadano, en sus múltiples capacidades, roles, facetas y actuaciones, debe dotarse de una serie de valores. Éstos ya se expusieron en este mismo blog, en un código que se propuso con el nombre de “eticismo”.

El código consta de “diez valores duales”. El cuarto de ellos es el valor dual denominado “entusiasmo y alegría”.

El entusiasmo se define como “la exaltación y la fogosidad del ánimo, excitado por algo que lo admire o cautive”. También significa “la adhesión fervorosa que mueve a favorecer una causa o empeño”.

La alegría se define como “el sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores”.

Se ha constatado que, en la actualidad, el nuevo ciudadano tiene que cumplir, en sus diferentes planos de actuación (principalmente el profesional y el personal), con su contribución al desarrollo sostenible y, en el óptimo, su fomento, difusión y propagación.

Por lo tanto, tanto en su comportamiento, en su actitud y en sus relaciones profesionales y personales, con sus diferentes grupos de interés y en sus diferentes círculos de conocidos, tiene que transmitir este convencimiento a que todas y cada una de las personas que forman parte de la comunidad local en particular, y de la sociedad en general.

Todas ellas deben conocer y valora su contribución al triple objetivo global del desarrollo sostenible: la sostenibilidad de la sociedad, la economía y el planeta.

Si esta acción a llevar a cabo por el nuevo ciudadano se acompaña de entusiasmo y alegría, hay un gran camino recorrido, ya que la adhesión a esta causa con convencimiento contagia fervor y admiración.

Dichos aspectos que surgen a través de una relación con las personas con entusiasmo y alegría, suponen un ingrediente esencial para lograr la más que probable incorporación de nuevos ciudadanos a la causa común.

Si las acciones, sus fundamentos, razonamientos, explicaciones y evaluación vienen acompañadas de una buena actitud visibilizada a través de entusiasmo y alegría, generan una mayor probabilidad de aceptación y, como mínimo, atención por parte de los interlocutores, que valorarán aquéllas con mayor probabilidad de adhesión.

Por lo tanto, la incorporación de nuevos ciudadanos a la contribución al desarrollo sostenible, no sólo viene determinado por los beneficios ingentes que se puedan explicar, sino por cómo son explicados. Una fórmula propuesta es la de explicarlos con entusiasmo y alegría.

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Los valores (III): comprensión y paciencia

En la nueva era, conocida como “la era de la sostenibilidad”, definida a partir de uno de los aspectos que la definen en la actualidad, surge a partir de las preocupaciones crecientes de la sociedad y de la ciudadanía en la manera de contribuir al desarrollo sostenible. Ello motiva la aparición de un nuevo ciudadano, que bajo esta perspectiva le denominamos como “ciudadano moral”.

El nuevo ciudadano contribuye al desarrollo sostenible, en sus roles profesional y personal, en sus actitudes, comportamientos y relaciones. Para ello incorpora una serie de valores definidos en un código, ya definido en un artículo anterior, que se propuso con el nombre de “eticismo”.

Dicho código se compone de un total de “10 valores duales”. El tercero de ellos es el valor dual “comprensión y paciencia”.

La comprensión se define como “la facultad, capacidad o perspicacia para entender y penetrar las cosas”. Una actitud comprensiva es aquella que tiene el ciudadano, y que tiende a ser tolerante.

La paciencia se define como “la capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse”. Otra definición complementaria es la siguiente: “la facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho”.

El nuevo ciudadano, que como se ha indicado con anterioridad, está convencido en que debe contribuir al desarrollo sostenible, dicho convencimiento ha venido precedido de su comprensión, es decir, lo ha tenido que incorporar en su conocimiento primero, y en su actitud y comportamiento después.

Y en sus relaciones con el resto de ciudadanos, no todos todavía conscientes de que es imprescindible contribuir a la sostenibilidad de la sociedad, de la economía y del planeta, el nuevo ciudadano deberá transmitir este conocimiento, este convencimiento de su “modus operandi”, a los demás, incorporando la comprensión ante las opiniones, posturas, reacciones o actitudes no coincidentes con la suya, en su totalidad o de forma parcial.

Además de la cualidad de ser comprensivo, deberá ser paciente, pues el grado de convencimiento del nuevo ciudadano respecto a su contribución al desarrollo sostenible, le dota de este valor dual como herramienta fortalecedora ante circunstancias adversas, reacciones no previstas ni deseables, y otros tipos y modalidades de respuesta en las relaciones que mantiene con la ciudadanía que no quiere, no sabe o no conoce la necesidad de dicha contribución.

La consecuencia de tener esta doble capacidad de ser comprensivo y paciente, le provoca el efecto de ser resiliente”, que implica tener la capacidad de adaptarse frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos, como los explicados en el párrafo anterior. Además, recupera el estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido el nuevo ciudadano, una vez superada la sorpresa inicial ante una situación que, aunque probable, no siempre se espera, pues cada persona es única y reacciona y se manifiesta de forma diferente.

Esta cualidad compuesta en este valor dual, es una fortaleza de indudable valor para el nuevo ciudadano, para resistir los embates de corrientes e intereses contrarios, adversos o no alineados al desarrollo sostenible.

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Los valores (II): sinceridad e integridad

En la nueva era, conocida como “la era de la sostenibilidad”, incorporando uno de sus atributos que la definen, se intenta corregir los errores que provocaron la crisis global, involucrando a la ciudadanía y a los agentes sociales a la contribución del desarrollo sostenible. Ello provoca la aparición de un nuevo ciudadano, en en este contexto le llamamos “ciudadano moral”.

Para que el nuevo ciudadano pueda contribuir al desarrollo sostenible, tanto en su rol profesional como sobretodo en el personal, incorpora una serie de valores, definidos en un código ya explicado con anterioridad, que se propuso con el nombre de “eticismo”.

El código se componía de un decálogo de “valores duales”. El segundo de ellos es el valor dual sinceridad e integridad.

La sinceridad se define como “el modo de expresarse o de comportarse libre de fingimiento”. Es sinónimo de veracidad, “persona que dice, usa o profesa siempre la verdad”.

La integridad se define como “la cualidad de ser una persona recta, proba, intachable”. La cualidad de ser intachable implica “la ausencia de una falta, nota o defecto que se halla en una cosa y la hace imperfecta”.

La sinceridad implica el expresar las opiniones, convicciones y acciones que configuran su pensamiento que motiva su comportamiento, con argumentos concretos, fiables, escrutables y, por supuesto, modificables ante mejoras de la otra parte (otro interlocutor) con los suyos propios.

La sinceridad también Implica la ausencia de una diferencia entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace. Por lo tanto, esas tres concepciones están perfectamente alineadas.

Y dicha alineación se acentúa hasta su “solidificación” con la integridad, es decir, la ausencia de duda en cuanto a la opinión expresada y el comportamiento esperado a posteriori.

Se podría asociar que la sinceridad mantenida en el tiempo es una fuente de generación de confianza, y la integridad mantenida en el tiempo es una fuente de generación de credibilidad.

Unidas ambas, la sinceridad y la integridad, tenemos a un ciudadano dispuesto a contribuir al desarrollo sostenible desde una posición nítida y libre de imperfecciones, convencido de las metas a alcanzar, y sin ambigüedades, sin titubeos ni dudas y, lo más importante, sin cambios de discurso en función de las situaciones, de los foros de discusión o de los lugares dónde se encuentre el ciudadano.

Es importante transmitir confianza y credibilidad que, como se ha comentado con anterioridad, emanan de la sinceridad y la integridad respectivamente. Ello implicará que los mensajes de contribución a la sostenibilidad de la economía y de la sociedad ganen mucha fuerza y lleguen sin sesgos a esos destinatarios, los ciudadanos que todavía no han adoptado el “gen sostenible” -uno de los atributos fundamentales que adopta el nuevo ciudadano-, para que se incorporen a ese propósito que les afecta a todos.

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Los valores (I): bondad y humildad

En la nueva era, definida como “la era de la sostenibilidad”, todos sus actores individuales y grupales están involucrados en contribuir al desarrollo sostenible. Este hecho trascendental motiva la aparición y consolidación de un nuevo ciudadano, que bajo estas premisas le llamaremos “ciudadano moral”.

Para que el nuevo ciudadano desarrolle de forma satisfactoria su contribución a una sociedad y economía más sostenibles, se dota de una serie de valores, definidos en un código al que en un anterior artículo de este blog se denominó “eticismo”.

La definición que se daba sobre el código era la siguiente: “Es el código en el que se basa el razonamiento sobre el que el nuevo ciudadano fundamenta su conducta y comportamiento. Y se propone en forma de decálogo de valores, los cuales son duales, en el sentido de que se retroalimentan y se apoyan mutuamente”.

En los próximos artículos vamos a analizar este decálogo de valores duales. El primero de ellos es el valor dual “Bondad y Humildad”.

La bondad se define como “cualidad de bueno; natural inclinación a hacer el bien”. El bien, en la teoría de los valores, se define como “la realidad que posee un valor positivo y por ello es estimable”.

La humildad se define como “la virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento.”

Por lo tanto, el nuevo ciudadano, en su conducta y comportamiento dirigidos a contribuir al desarrollo sostenible, lo hará desde la bondad, convencido que el desarrollo sostenible es “el bien global” pactado por los estados que conforman el mundo, para la sostenibilidad del planeta, de la sociedad y de la economía. Por lo tanto, el propósito que le guía a esa contribución es “per se” definida como positiva por el resto de individuos los cuales, en principio, también están alineados en este propósito.

Además, a la par que con la bondad, el propósito que guía al nuevo ciudadano también será sustentado desde la humildad, potenciando las cualidades para las que el nuevo ciudadano cree que podrá ser más eficiente en su labor, para minimizar sus debilidades de la que es consciente.

La humildad es también una agente de búsqueda de alianzas y sinergias en pro del propósito común de contribución al desarrollo sostenible, pues a partir de las limitaciones que cada ciudadano tiene, busca una solución con la ayuda, colaboración y cooperación de otros ciudadanos con la complementariedad personal y profesional necesarias para llevar a cabo con éxito el propósito que comparten.

Este valor aunado como “bondad y humildad”, implica por tanto que contribuir al desarrollo sostenible es algo que realmente es positivo para todos y, entre todos, se coopera y colabora para llegar al máximo cumplimiento de los objetivos y metas previamente definidos.

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Una nueva conciencia (VIII): globalización

En la nueva era, definida como “la era de la sostenibilidad”, en alusión a uno de los elementos que la definen, se promueve la contribución ciudadana al desarrollo sostenible. Poe este motivo aparece un nuevo ciudadano, al que desde aquí le denominamos “ciudadano moral”.

El nuevo ciudadano está por la labor de contribuir al desarrollo sostenible, objetivo por el cual se dota de una nueva conciencia, basada en su quehacer diario con respecto a su impacto generado y que incide en la sociedad y en el medio ambiente.

Una de las implicaciones que conlleva esta nueva conciencia se materializa en la forma de organizarse entre los ciudadanos de diferentes territorios, regiones y países.

A partir de todos los párrafos anteriores, se conforma una “nueva globalización” en el marco de las Naciones Unidas, que se caracteriza por adoptar una serie de objetivos, aprobados en septiembre de 2015, conocidos como los “Objetivos de Desarrollo Sostenible”. Configuran la denominada “Agenda 2030”. Son los siguientes:

ODS 1. Erradicación de la pobreza en todas sus formas.
ODS 2. Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible.
ODS 3. Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades.
ODS 4. Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos.
ODS 5. Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas.
ODS 6. Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos.
ODS 7. Garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos.
ODS 8. Promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos.
ODS 9. Construir infraestructuras resilientes, promover la industrialización inclusiva y sostenible y fomentar la innovación.
ODS 10. Reducir la desigualdad en y entre los países.
ODS 11. Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles.
ODS 12. Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles.
ODS 13. Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos.
ODS 14. Conservar y utilizar en forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible.
ODS 15. Gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiversidad.
ODS 16. Promover sociedades justas, pacíficas e inclusivas.
ODS 17. Revitalizar la Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible.

Los nuevos ciudadanos que conforman la sociedad civil irán evaluando los avances en la consecución de los objetivos y metas de desarrollo sostenible, analizando el impacto que generan las diferentes organizaciones públicas, privadas y del tercer sector.

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Una nueva conciencia (VII): organización

En la nueva era, definida como “la era de la sostenibilidad”, a partir de uno de sus aspectos definitorios, se alienta la contribución ciudadana al desarrollo sostenible. Ello ayuda a emerger un nuevo ciudadano, aquí bautizado con el nombre de “ciudadano moral”.

El nuevo ciudadano, en virtud de la mejor consecución de aquél objetivo, se dota de una nueva conciencia, basada en su “modus operandi” y en su día a día con respecto a su conducta social y medioambiental.

Una de las implicaciones que conlleva esta nueva conciencia se materializa en la forma de organizarse en la empresa (u otra organización) en la que desarrolla su actividad profesional.

A partir de todos los párrafos anteriores, lo que se propone como una “nueva organización” en una empresa, se caracteriza por adoptar una serie de acciones, entre las cuales se proponen las siguientes:

Espacios abiertos: progresiva eliminación de los despachos individuales.
Esquemas horizontales: progresiva desaparición del mapa jerárquico vertical.
Formación continua: desarrollo de capacidades, habilidades y competencias.
Motivación: favorecerla mediante incentivos, logros, reconocimientos y ayudas.
Adaptación al cambio: actualización constante de los factores que afectan.
Equipos de trabajo: progresiva huida del trabajo individualizado.
Objetivos por proyectos: progresiva desaparición de los objetivos anuales.
Innovación permanente: fomentarlo mediante espacios, tiempos y actividades.
Ser multidisciplinar: combinar diferentes disciplinas afines.
Empresa saludable: velar por el bienestar, salud y seguridad en el trabajo.
Teletrabajo: fomentar la conciliación laboral y familiar con esta fórmula.
Incentivos no financieros: asociados a logros sociales, medioambientales, ODS, etc.

Al estar inmersos en la Agenda Global 2030, a partir de los ODS, Objetivos de Desarrollo Sostenible, el nuevo ciudadano enfatiza más si cabe su acción profesional diaria, su desarrollo profesional y también personal para ayudar al logro de las diferentes metas marcadas por los ODS.

Para afianzar estas acciones, es necesario contemplar los facilitadores de las mismas, entre ellos:
Liderazgo sostenible: estilo de liderazgo inequívoco y definido en materia de sostenibilidad.
Comunicación responsable: interacción y diálogo permanentes con los grupos de interés.
Rendición de cuentas: relatar logros y mejoras, pero también deficiencias y problemas.
Ética y buen gobierno: establecer normas de comportamiento y de buen gobierno.
Propósito definido: vincular el objeto social con el deseo de ser socialmente responsable.

Como ya se comentó en un artículo anterior, la sociedad deberá tener la posibilidad de establecer un escrutinio a la empresa para poder validar la contribución de la misma al desarrollo sostenible.

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Una nueva conciencia (VI): producción

En la nueva era, denominada aquí cómo “la era de la sostenibilidad”, a partir de una de las características que lo definen, promueve la contribución ciudadana al desarrollo sostenible. Este objetivo provoca la aparición de un nuevo ciudadano, aquí propuesto con el nombre de “ciudadano moral”.

El nuevo ciudadano al contribuir a la consecución de este objetivo, se dota de una nueva conciencia, basada en su comportamiento y repercusión de su quehacer diario en los aspectos social y medioambiental.

Una de las implicaciones que conlleva esta nueva conciencia se materializa en la forma de producción, lo que provoca tener en cuenta la nueva realidad y la consecución del objetivo propuesto antes reseñado.

En esta “nueva producción”, el ciudadano, dentro de una organización, tiene el rol de ser proveedor de productos y/o servicios a la sociedad. Ello implica el tener en cuenta los siguientes aspectos:
Aplicar criterios de decisión que minimicen los riesgos sociales y medioambientales.
Gestionar toda la cadena de valor, y aplicar los criterios anteriores en la misma.
Aplicar la ética y la transparencia en sus operaciones.
Informar y comunicar a toda la sociedad, segmentada en diferentes grupos de interés.
Reportar la rendición de cuentas que informe sobre el impacto de su actividad.
Permitir el escrutinio de los diferentes grupos de interés.
Gestión de los riesgos a nivel global, para su control, minimización e incluso eliminación.
Oportunidades que ofrece la digitalización, las TIC, el Big Data, el IoT, etc.
Efectuar procesos y procedimientos que contemplen aspectos sociales y medioambientales.
Promover desde el interior (cultura de empresa) hacia el exterior, esta forma de producir.

Este decálogo de buenas prácticas en materia de producción para la contribución al desarrollo sostenible, es posible a partir de esta nueva conciencia ciudadana, preocupada por dotarse de productos y/o servicios que generan un valor a la sociedad que sigan estas premisas.

En el artículo anterior se mencionó que, además de existir productos y organizaciones concretas que contribuyen a este objetivo común que es el desarrollo sostenible, existen organizaciones que pertenecen a sectores de la economía que en su ADN llevan incorporado esta contribución en su propósito. Entre ellas se mencionaban las cooperativas, las cadenas híbridas de valor, las empresas de la economía social y colaborativa, etc.

Por lo tanto, el nuevo ciudadano dotado de esta nueva conciencia, se preocupa de la forma de producir, transportar, almacenar, informar, comunicar, vender, relacionarse, etc., con los consumidores y usuarios de los productos y/o servicios ofertados a la sociedad.

Y, en último término, la sociedad deberá tener la posibilidad de establecer un escrutinio a la empresa para poder validar la contribución de la misma al desarrollo sostenible.

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Una nueva conciencia (V): consumo

En la nueva era, definida con uno de sus características que la definen, “la era de la sostenibilidad”, implica aunar esfuerzos para el desarrollo sostenible. Y a partir de este objetivo, aparece un nuevo ciudadano, que se adhiere al mismo en su día a día, y que desde aquí le proponemos el siguiente nombre: “ciudadano moral”.

La adhesión a este objetivo se lleva a cabo a partir de adoptar una nueva conciencia, basada en el impacto que su actividad y comportamiento diarios generan en la sociedad y en el medio ambiente.

Una de las implicaciones que tiene esta nueva conciencia para el nuevo ciudadano se materializa en la forma de consumo que, siguiendo con la terminología, se podría definir como “nuevo consumo”.

Se proponen una serie de factores de análisis que inciden en la nueva manera de consumir. Son los siguientes:
Análisis de productos.
Análisis de organizaciones.
Análisis de formas de producción.

Se proponen una serie de características que definen cada una de las variables propuestas, que influyen en las decisiones de consumo del nuevo ciudadano. Se exponen a continuación:

Para el análisis de productos
Productos de comercio justo (sellos de certificación).
Productos con información validada (sobre uso, ahorro, seguridad, DD.HH., contenido, etc.).
Productos de marketing con causa (parte del dinero es para causas sociales).
Marcas responsables y/o sostenibles.

Para el análisis de organizaciones
– Aplican la denominada “economía circular”.
– Aplican la RSC, Responsabilidad Social Corporativa (p.e.: BCorp, certificación gestión RSC, etc.).
– Emiten memoria de sostenibilidad, con escrutinio de los grupos de interés.
Participan en la vida comunitaria (en foros de sostenibilidad, apoyan a ONGs con proyectos, etc.).

Para el análisis de formas de producción
Organizaciones de economía social: cooperativas, cadena híbrida de valor, etc.
Organizaciones de economía colaborativa: compartir información de producción y consumo.
Organizaciones que promueven el consumo colaborativo: a través de apps.
Organizaciones que promueven el “pago por uso” y no el “pago por la propiedad”.

Este comportamiento modifica sustancialmente la manera de pensar de las organizaciones, que incorporan la RS&S, Responsabilidad Social & Sostenibilidad en su estrategia, gestión y operativa diaria, para dar respuesta al nuevo ciudadano que, como se acaba de constatar, tiene nuevos elementos de decisión a la hora de comprar/consumir/usar los productos/servicios que se ponen en el mercado.

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Una nueva conciencia (IV): ocupación del tiempo

En la nueva era, definida a partir de una tendencia generalizada y demandada por la sociedad, que es “la era de la sostenibilidad”, conlleva el auge y proliferación de un nuevo ciudadano, que incorpora esta tendencia en su quehacer diario, aquí propuesto con el nombre de “ciudadano moral”.

Con la nueva era definida a partir de la creciente sensibilidad hacia la sostenibilidad, el nuevo ciudadano emergente se dota de una nueva conciencia, que implica tener presente el impacto que a partir de sus acciones y de su actividad diaria generan en la sociedad y en el medio natural con los que convive.

El propósito de la nueva conciencia es la contribución de cada ciudadano hacia un desarrollo sostenible.

Una de las implicaciones que para el nuevo ciudadano tiene esta nueva conciencia radica en el hecho de la ocupación del tiempo. Se proponen una serie de acciones y actuaciones a desarrollar por el nuevo ciudadano, no sólo para su aplicación en la vida diaria, sino para s promulgación. Todo ello, teniendo en cuenta el propósito de contribuir a un desarrollo sostenible. Son las siguientes:

– Mayor conciliación de la vida laboral y familiar: mayor racionalización del horario laboral, con el objetivo de terminar la jornada laboral lo antes posible.
Horas de sueño: dormir al menos 7 horas diarias. Para trabajos nocturnos, aplicar la rotación de personal para que todos puedan dormir los máximos días posibles en horario nocturno (horario biológico natural).
Voluntariado: ocupar alguna hora semanal en ayudar a quién lo precise, mediante colaboraciones a organizaciones de marcado carácter social, como pueden ser las ONGs o las fundaciones.
Bien común: ser solidario mediante algún tipo de apoyo permanente a una causa social, como puede ser la ayuda económica a las organizaciones de carácter social antes mencionadas, o el apoyo con la firma de diferentes causas y motivos sociales.
Banco de tiempo: es una herramienta con la cual un grupo de personas puede crear una alternativa económica social. En un Banco de Tiempo se intercambian habilidades entre los miembros sin utilizar dinero, únicamente se contabilizan las horas de servicio prestado y recibido.
Participación de la vida de la comunidad: en las reuniones vecinales, en la colaboración de actividades culturales, etc., compartiendo problemas y proponiendo soluciones.

Sería conveniente divulgar estas prácticas, darlas a conocer entre los miembros más cercanos de cada ciudadano, comenzando por la familia y amigos, continuando por los compañeros de trabajo y terminando con los conocidos y saludados en las diferentes redes sociales.

Hoy en día existen redes sociales como YouTube o Facebook en el que se comparten comentarios con fotografías y vídeos en los que se explican diferentes hechos, actividades, opiniones y/o acontecimientos. Suponen una oportunidad para divulgar estas prácticas más altruistas que definen al nuevo ciudadano a partir de la nueva conciencia para contribuir a un desarrollo sostenible.

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