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Los grupos de interés (XVI): la sociedad

Hay un consenso generalizado en que estamos en una nueva era, “la era de la sostenibilidad”, en gran parte motivado por la aprobación en septiembre del 2015 en la sede de la ONU, de los “Objetivos de Desarrollo Sostenible”, que configuran unas metas a alcanzar en 2030.

Un actor primordial para actuar de forma adecuada para el fomento del desarrollo sostenible es la empresa. Y dicha actuación pasa por tener presente el impacto que genera por su actividad y decisiones. En concreto, tener en cuenta su incidencia a nivel económico, social y medioambiental.

Para ello se desarrolla una nueva empresa, que desde este blog se propone con el nombre de “empresa dispuesta”. Se cambia de nombre, porque “empresa dispuesta” implica una buena predisposición de ánimo necesaria para el objetivo propuesto de contribuir al desarrollo sostenible. Creemos que esta re-definición es más acorde con la empresa emergente, guiada por los valores de la sostenibilidad, la ética y la transparencia.

El método comúnmente aplicado para atender el impacto que la empresa genera en la sociedad, en la economía y en el planeta, es aplicar la RSC, Responsabilidad Social Corporativa, en su estrategia, gestión y operación.

Uno de los pilares en la gestión de la RSC es la relación, comunicación e interacción con los diferentes grupos de interés con los que la empresa tiene influencia o es influenciada.

El grupo de interés que se desarrolla en el presente capítulo es “La sociedad”.

Una empresa deberá tener presente, al abordar a este grupo de interés como “a un todo complejo y diverso, pero localizado en una zona geográfica concreta” (lo más natural es un país), entre otros los siguientes aspectos:

  • Localizar tendencias: nuevas maneras de hacer, como el auge del e-commerce.
  • Localizar influencers: como los bloggers, los youtubers, etc., más seguidos.
  • Localizar cambios: en nuevos productos, en formas de consumo o de organizarse, etc.
  • Localizar las mejores prácticas: en producción, en consumo, en colaboración, etc.
  • Localizar innovación: en productos, en servicios, en start ups, disrupción, etc.
  • Escuchar a los think tank: foros de pensamiento diversos con los mejores ponentes.
  • Identificar hechos virales: en vídeos compartidos, sus comentarios y sus consecuencias.
  • Identificar pautas de comportamiento: sus causas, sus efectos, comparar con lo anterior, etc.
  • Identificar hechos singulares: logros deportivos, actos de supervivencia, curas milagrosas, etc.
  • Prever el futuro: a partir de todo lo anterior.

La sociedad de la información y la comunicación instantáneas ha cambiado la forma de relacionarse y de comunicarse. La empresa, además de pensar en la digitalización y el actuar en las redes sociales, debe repensar de forma constante la adecuación e idoneidad de sus productos y servicios. Y un rasgo a contemplar de forma imprescindible es el factor sostenibilidad.

Las nuevas generaciones, con sus nuevas maneras de hacer y de pensar, están revolucionando las maneras de consumir, pero también las exigencias hacia las empresas. La anticipación, definiendo a la sociedad con sus rasgos más definitorios por segmentos de población, será un elemento crucial para las empresas. Y el elemento sostenibilidad es ya uno de los más importantes.

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Los grupos de interés (XV): el tercer sector

A partir de la aprobación en septiembre de 2015, de la denominada “Agenda 2030” que promueve el Desarrollo Sostenible, desde este blog se propone que estamos en la “era de la sostenibilidad”.

Uno de los actores fundamentales para cumplir con los ODS, Objetivos de Desarrollo Sostenible, definidos en la Agenda Global antes mencionada, es el sector privado en general, y las empresas en particular.

Las empresas, en este contexto, se deben preocupar cada vez más, del impacto que genera su actividad y sus decisiones. Este impacto es triple: económico, social y medioambiental.

Esta empresa que surge a partir de esta triple preocupación, se le propone en este blog con el nombre de “empresa disponible”.

La metodología elegida de forma general para contribuir al desarrollo sostenible es aplicando en su estrategia y gestión la RSC, Responsabilidad Social Corporativa. Se integra en toda la organización, estableciendo planes y programas con sus respectivos objetivos y metas.

Uno de los aspectos que aborda la RSC es la gestión de los grupos de interés, que cada organización debe de identificar, priorizar y abordar las relaciones que debe mantener con cada uno, aplicando diferentes fórmulas de comunicación y contacto.

El grupo de interés que se analiza en el presente artículo es “El Tercer Sector”.

El tercer sector es aquel formado por organizaciones con personalidad jurídica propia, inscritas en un registro público, que no tienen ánimo de lucro al reinvertir sus beneficios en la propia actividad, y que son de titularidad privada.

Mientras que el Tercer Sector busca apoyo financiero en el sector privado, las empresas están interesadas en las ONG, asociaciones o fundaciones para generar mayor impacto social y así mejoran su reputación corporativa e imagen de marca.

Esta es la relación que se produce de forma generalizada pero desde aquí se propone dar un paso más, vinculando el ODS nº 17: “Alianzas para lograr los Objetivos” a los planes y programas de impacto social y ambiental.

Una alianza entre una empresa y una organización del tercer sector, en el contexto de la Agenda 2030, se establece para un apoyo mutuo. Así, se vincula el ODS elegido (uno o varios) ya sea bien por el sector de actividad de la empresa, o bien por la decisión mayoritaria de los empleados de la empresa, con la actividad social y/o ambiental que realiza la organización del tercer sector.

La colaboración puede generar resultados tales como una “joint venture”, una producción específica para el segmento de mercado al que se incide, un voluntariado corporativo, una innovación concreta, aportaciones dinerarias y en especie, eventos compartidos, campañas concretas, etc.

Se propone también monitorizar en mayor o menor medida los resultados de esta colaboración, con indicadores de medición y, además, su comunicación y su difusión para los grupos de interés que se relacionan con los actores implicados.

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Los grupos de interés (XIV): la formación

Es conocida la Agenda Global para el Desarrollo Sostenible, lo que, desde aquí, motiva que se proponga que la sociedad está ante el surgimiento y desarrollo de una nueva era, “la era de la sostenibilidad”.

Esta nueva era viene definida por la preocupación por los impactos que generan las empresas en la sociedad, en el planeta y en la economía. Vienen provocados fundamentalmente por dos factores: por un lado, por las decisiones que se toman en sus diferentes órganos de decisión y, por otro lado, por las actividades que desarrollan y la oferta de productos y/o servicios.

Ante ello, gracias a la Agenda Global, la sociedad es cada vez más exigente con las empresas en cuanto a su rendición de cuentas. Un ejemplo de ello es el surgimiento de grupos de interés que velan por el debido escrutinio de dicha rendición de cuentas. Así se fomenta la ética y la transparencia en la relación de las empresas con sus grupos de interés.

En este contexto, surge una nueva empresa que incorpora esta preocupación social y ambiental a sus decisiones y actividades, sin dejar de lado el logro económico. A esta nueva empresa se le propone el nombre de “empresa disponible”. Y se propone contribuir al desarrollo sostenible.

La fórmula utilizada a nivel de gestión de esta triple preocupación, es implementando la RSC, Responsabilidad Social Corporativa. Se integra en la estrategia y gestión, en las políticas y procesos, en los planes estratégicos con sus correspondientes objetivos y metas.

Ya se ha mencionado con anterioridad que la empresa debe gestionar, a partir de la integración de la RSC, la gestión de los grupos de interés. Éstos son definidos en función de su relación, incidencia, prioridad e impacto con respecto a las actividades de la empresa.

El grupo de interés que se analiza en el presente artículo es “La formación”.

La formación como grupo de interés se refiere a las Universidades, a las Escuelas de Negocios, a los centros de Formación Profesional, etc., que implican capacitar a los empleados de la empresa para mejorar sus funciones en el desarrollo de sus tareas.

La empresa debe fomentar acuerdos de colaboración con centros formativos, que se proyectan en la implementación de los planes anuales formativos, aplicables a todos los empleados.

En una época de cambios profundos en la forma de producir, de consumir, de gestionar los residuos (economía circular), de relacionarse y comunicarse, etc., es imprescindible la adecuación formativa de los empleados, en sus funciones actuales y futuras (establecer planes de carrera).

Por otro lado, la formación como grupo de interés debe mantener una estrecha relación con las empresas, para conocer sus necesidades y demandas, pero también deberá tener en cuenta el factor actitudinal, es decir, no sólo formar a buenos profesionales, también a personas con valores.

Y la formación también deberá proponer y promover el desarrollo sostenible, mediante cursos específicos en RSC, en Medio Ambiente, en creación de startups de impacto social, etc. Y un aspecto adicional muy importante de la formación: la cuidadosa selección de los formadores, y su evaluación continuada en su doble perspectiva de aptitudes y actitudes.

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Los grupos de interés (XIII): la competencia

Inmersos en una nueva era, conocida como “la era de la sostenibilidad”, se define a partir de la creciente preocupación ante un desarrollo caracterizado por, entre otras características, la limitación de los recursos naturales existentes, un modelo económico que genera profundas desigualdades o un modelo social que no satisface las necesidades de todos sus miembros de forma suficiente y satisfactoria.

Por lo tanto, existe una preocupación por la actuación de uno de los actores fundamentales en la sociedad actual: las empresas. En concreto, por las decisiones que toman y que se traducen en actividades que generan impactos al medioambiente, a la economía y a la sociedad.

En este contexto, surge una nueva empresa que incorpora a los objetivos y logros económicos, los sociales y los medioambientales. A esta nueva empresa le proponemos desde aquí con el nombre de “empresa disponible”. Y su propósito radica en la contribución al desarrollo sostenible.

Todo ello lo implementa incorporando en su estrategia y gestión la RSC, Responsabilidad Social Corporativa. Por ello, analiza el triple impacto económico, social y ambiental en las decisiones, políticas, planes estratégicos y operativos que debe desarrollar.

Uno de los elementos de gestión fundamentales a la hora de llevar a cabo una eficiente gestión de la RSC es la gestión de los grupos de interés. Se definen a partir de su relación, afectación, implicación e importancia con respecto a las actividades de la organización.

El grupo de interés que se analiza en el presente artículo es “La competencia”.

Es muy importante analizar a este grupo de interés, porque supone conocer, entre otros, diferentes aspectos y factores que pueden ayudar a desarrollar una mejor gestión de la propia empresa. En concreto, es conveniente analizar a la competencia por, entre otras, las siguientes razones:

Conocer las mejores prácticas, el benchmarking en la actividad desarrollada.
Conocer las diferentes acciones de RSC llevadas a cabo, a partir de sus planes y programas definidos en sus estrategias.
Conocer casos de éxito por alianzas y sinergias con diferentes actores de la economía y la sociedad.
Conocer avances en productos y/o servicios, a partir de la innovación en usos, utilidades, segmentación de mercado, público objetivo, etc.
Conocer mejoras en productos y/o servicios a partir de mejoras relacionadas con la innovación responsable y sostenible.
Promover asociaciones del sector en sus diferentes modalidades: patronal del sector, think tank, lobby, asociación por área geográfica (país, UE, etc.), etc.
Impulsar la formación y la especialización a nivel profesional, concienciando en prácticas responsables y sostenibles como la economía circular, el consumo responsable, etc.

Se promueve una correcta convivencia entre la competencia de cualquier sector de actividad económica, fomentando la libre competencia y el apoyo a la toma de decisiones que tengan en cuenta la mejora y la contribución al desarrollo sostenible.

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Los grupos de interés (XII): las generaciones futuras

En esta época de cambio, uno de los aspectos que la definen es “la era de la sostenibilidad”, y se caracteriza por la incorporación en las decisiones que toman las empresas de los aspectos sociales, laborales, medioambientales, éticos y de respeto a los derechos humanos. Ello deriva en la evaluación del impacto que genera la actividad de la empresa en la sociedad, la economía y el planeta.

En este contexto, aparece una nueva empresa, que se propone desde aquí con el nombre de “empresa disponible”. Y su propósito es contribuir al desarrollo sostenible.

Para ello incorpora en su estrategia, gestión y operación (políticas, procesos y procedimientos) la RSC, Responsabilidad Social Corporativa. Con ello consigue ser vista y reconocida como una organización socialmente responsable.

Para dicho reconocimiento, uno de los aspectos fundamentales a gestionar, es la identificación de los diferentes grupos de interés con los que la empresa se relaciona. Se identifican por ser los afectados de forma directa o indirecta por las decisiones e impactos de la actividad de la organización.

El grupo de interés que se analiza en el presente artículo es “Las generaciones futuras”.

Este grupo de interés implica llevar a cabo una serie de actuaciones por parte de la organización. Son proponen las siguientes:

Conocer las exigencias, necesidades, anhelos, expectativas y requerimientos de este grupo de interés para su gestión futura en sus diferentes roles: como cliente (consumidor o usuario), como proveedor, como empleado, como directivo, etc.
Conocer sus tendencias en hábitos de consumo, relacionales, acceso a la información, formas de comunicación, etc.
Conocer los valores que los guían, los influencers que los motivan, las acciones a las que se suman y adhieren, las acciones o actos que penalizan y rechazan, etc.

Existen numerosos estudios que indican que, como aspectos definitorios de las generaciones futuras, indican que serán 100% digitales, que adquirirán un mayor compromiso social y ambiental y que valorarán las opiniones favorables a las organizaciones que han provocado experiencias de cliente satisfactorias.

Por lo tanto, las organizaciones hoy se deben preparar para estar en la mejor posición de salida para obtener de las nuevas generaciones una valoración positiva e identificativa como organizaciones y marcas socialmente responsables.

Y ello se consigue y se afianza con el mantenimiento de una comunicación ética y transparente, con todos los grupos de interés en general, y con las generaciones futuras en particular.

Por último, en el óptimo, ser una organización socialmente responsable implica contribuir al desarrollo sostenible, y ello supone la preocupación permanente por las generaciones futuras.

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Los grupos de interés (XI): la comunidad local

La sociedad vive una época de cambio de paradigma. Una parte del mismo viene determinado por “la era de la sostenibilidad”, en la que las empresas deben contribuir al desarrollo sostenible a partir del apoyo a la Agenda Global 2030.

La Agenda 2030 está definida por los ODS, Objetivos de Desarrollo Sostenible, con una serie de metas a alcanzar para cada uno de ellos. Uno de los actores que se implican en participar en el intento de cumplir con esos objetivos y metas, es el sector privado, las empresas.

En este contexto, surge una nueva empresa, aquí propuesta con el nombre de “empres disponible”. Implica su disponibilidad para adoptar una serie de compromisos para la contribución al desarrollo sostenible.

Para cumplir con dicha contribución, la fórmula utilizada en la gestión empresarial es la adopción de la RSC, Responsabilidad Social Corporativa, que se incorpora en las estrategias, políticas, procesos y procedimientos. En último término, supone incorporar los elementos sociales, ambientales, éticos, laborales y de respeto a los derechos humanos a la toma de decisiones y a los impactos que generan éstas.

La medición de los impactos implica considerar, entre otras consecuencias, a quién afecta. Para ello se definen los grupos de interés con los que la empresa interacciona y se relaciona. Y se evalúan y analizan tanto los impactos como las repercusiones que provocan en los grupos de interés.

Para lograr minimizar daños y maximizar beneficios a los diferentes grupos de interés, conviene conocer sus expectativas, necesidades, requerimientos, anhelos y preocupaciones. Este conocimiento promueve el establecimiento de un diálogo y una comunicación permanentes con los diferentes grupos de interés.

El grupo de interés que se analiza en el presente artículo es “La comunidad local”.

Una empresa se ubica siempre en un lugar. Y este lugar físico implica que se localiza en una comunidad con la que convive. Pasa a ser un vecino más, que interacciona con otras empresas, comercios, asociaciones de la sociedad civil, sedes de administraciones públicas, sedes de servicios públicos, etc.

La gestión de esa comunidad local la ejerce el ayuntamiento. Por lo tanto, una empresa, en el contexto antes descrito, debe conocer las necesidades y objetivos que la comunidad local espera obtener con la actividad de la empresa, comenzando por la generación de riqueza y empleo.

Pero emprender contribuciones sociales y ambientales, a partir de diferentes planes y programas desarrollados por la empresa, permiten una aceptación más sólida y perdurable por la comunidad.

La aceptación definitiva se produce cuando existe una rendición de cuentas a la sociedad en general y a la comunidad local en particular. Si el examen se aprueba con nota, se le otorga a la empresa la denominada “licencia social para operar”, y ello implica una vecindad que la comunidad local califica de “excelente”.

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Los grupos de interés (X): el medio ambiente

La actualidad, “la era de la sostenibilidad”, viene definida por uno de los compromisos globales a los que la sociedad se enfrenta, la consecución de los ODS, Objetivos de Desarrollo Sostenible. Dichos objetivos definen la denominada Agenda 2030, en la que se implican los diferentes estados, gobiernos, comunidades, grupos de interés, sector privado y resto de organizaciones. Éstas últimas, para adaptarse a la agenda, se transforman generando una nueva identidad que, a su vez, genera la aparición de una nueva empresa, que se propone con el nombre de “empresa disponible”.

El denominador común que tienen las empresas a la hora de definir su contribución al Desarrollo Sostenible, es la incorporación de la RSC, Responsabilidad Social Corporativa, en la estrategia, gestión y operación de cada una de ellas. Supone incorporar los riesgos y las preocupaciones sociales, ambientales, laborales, éticos y de respeto a los derechos humanos a las decisiones y las actividades que desarrollan las empresas.

Las decisiones y actividades afectan a los grupos de interés que tienen relación con la empresa. Ésta los identifica, prioriza en función de su relevancia y elige la mejor forma de mantener un diálogo y comunicación permanentes.

El grupo de interés que se analiza en el presente artículo es el de “El Medio Ambiente”.

Las acciones generadoras de impacto medioambiental tienen la siguiente propuesta de tipología:

A nivel interno: acciones que generan impacto mediambiental interno por la cadena de producción. Suponen decisiones a nivel interno en los procesos y procedimientos que definen, entre otros aspectos, cuestiones como el consumo de materiales, energía, gestión de residuos, etc.

A nivel externo: acciones que generan impacto medioambiental en la producción, aprovisionamiento y venta de productos. Implica la gestión de la cadena de valor externa y las decisiones que toman (similares a la perspectiva interna, aplicables a las diferentes empresas contratadas).

Los grupos de interés afectados son, desde los empleados y resto de personas que desempeñan tareas dentro de la empresa, hasta la comunidad local en la que la empresa está instalada.

El grupo de interés conocido como “Medio Ambiente viene definido desde una doble perspectiva:

Las decisiones y acciones que definen la actividad de la organización que, entre otros aspectos, genera impactos de índole medioambiental. En último término, supone una comunicación a través de la conocida como “memoria de sostenibilidad”.

Los analistas, expertos, auditores, ONGs y resto de actores que tienen como función la de medir, analizar, valorar y, en último término, aprobar o reprobar aquéllas decisiones y acciones.

La conexión entre ambos se produce cuando existe un escrutinio de estos actores respecto a la información medioambiental contenida en la memoria de sostenibilidad. Su aprobación es un elemento que confiere a la empresa la denominada “licencia social para operar”.

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Los grupos de interés (IX): los medios de comunicación

En la nueva era, “la era de la sostenibilidad”, uno de los factores que la definen a partir del establecimiento de la Agenda 2030, con los ODS, Objetivos de Desarrollo Sostenible. Esta agenda global implica la participación de las organizaciones, y ello hace que las empresas se transformen en una nueva identidad, surgiendo una nueva empresa, que bajo este contexto la denominados como “empresa disponible”.

La contribución al Desarrollo Sostenible por parte de las empresas, genera la incorporación en sus estrategias y políticas, gestión, procesos y procedimientos, de la RSC, Responsabilidad Social Corporativa. Su reporte a los grupos de interés mediante la conocida como “Memoria de sostenibilidad”, debe significar una verdadera rendición de cuentas.

Los grupos de interés destinatarios son aquéllos con los que la empresa tiene una relación e interacción. Suponen un elemento de gestión primordial de la RSC, y se debe, entre otras acciones a desarrollar, realizar su identificación, priorización, análisis pormenorizado, relación y elección de la mejor plataforma de diálogo para cada uno de ellos. Todo ello se construye para edificar un verdadero escrutinio social, para la concesión de la denominada “licencia social para operar”.

El grupo de interés que se analiza en el presente artículo es el de “los medios de comunicación”. Se considera un grupo de interés externo que existe en todas las empresas, y suponen una fuente de divulgación de las prácticas realizadas por la empresa, por lo que juegan un papel importante en la promoción de una imagen de la empresa y de la marca socialmente responsables.

Hay que diferenciar varios tipos de medios de comunicación:

Medios convencionales: prensa, radio, televisión, revistas, etc.

Medios no convencionales: eventos y ferias, anuarios y guías, boletines, etc.

Plataformas digitales: redes sociales (RRSS) y buscadores (internet).

Existe un estudio dónde se analiza la confianza de la población en los medios de comunicación, el Barómetro de Confianza realizado por la agencia Edelman. También se analizan otras tres instituciones, los gobiernos, las empresas y las ONGs.

En el Barómetro de 2018, el dato más relevante es que, por primera vez desde que se efectúa este estudio, los medios en su conjunto son la institución que genera menos confianza entre la población mundial. Se incluyen tanto medios tradicionales y digitales como las plataformas.

Se proponen una serie de actuaciones para paliar este efecto de descrédito y pérdida de confianza, aplicables de forma específica a los medios de comunicación convencionales:

– Desvinculación de los medios de comunicación con agrupaciones políticas y lobbys.

– Incorporar la RSC en sus organizaciones y grupos empresariales.

– Emitir noticias veraces y contrastadas, evitar alusiones a RRSS y opiniones particulares.

– Emitir noticias para toda la ciudadanía, sin sesgos políticos ni económicos.

– Limitar la opinión de los periodistas en los hechos, ofrecer las opiniones de expertos.

– Emisión de información relacionada con el Desarrollo Sostenible, la Agenda 2030.

– Incorporación de la voz y punto de vista de los diferentes actores civiles y sociales.

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Los grupos de interés (VIII): las administraciones públicas

En la nueva era, “la era de la sostenibilidad”, definida a partir de uno de los aspectos que la configuran, las organizaciones se preocupan por los impactos que su actividad genera en la sociedad en general, y en la comunidad local dónde habitan en particular. Esta preocupación, en la nueva era, implica el surgimiento de una nueva empresa, que bajo este contexto le ponemos el nombre de “empresa disponible”.

Tanto las decisiones como los impactos generados por su actividad, implican ser contemplados tanto en su estrategia como en su gestión, adoptando para ello la RSC, Responsabilidad Social Corporativa, que culmina con la elaboración de la conocida como “Memoria de sostenibilidad”, que supone una verdadera rendición de cuentas.

La rendición de cuentas se dirige a la sociedad en general, y a los grupos de interés en particular, es decir, aquéllos que se relacionan con la empresa. Constituyen un elemento de gestión clave de la RSC, con su identificación, priorización, análisis pormenorizado, relación y diálogo constantes y, en último término, poseedores de otorgar, previo escrutinio, de la denominada “licencia social para operar”.

El grupo de interés que se analiza en el presente artículo es el de “las administraciones públicas”. Se considera un grupo de interés externo que existe en todas las empresas, que hay que evaluar de forma permanente, pues es fuente de normativas, tasas e impuestos, contratación, ayudas y subvenciones, financiación, etc.

Ya se han adelantado los principales roles que las administraciones públicas pueden tener en su relación con las empresas. Los principales son los siguientes:

Legislador: es emisor de normativas aplicables a las empresas.

Recaudador: es emisor de tasas e impuestos, que afectan a las empresas.

Contratista: ofrece contratación pública, en función de un condicionado al que se opta por concurso evaluable, en función de diferentes criterios de valoración.

Soporte: ofrece ayudas y subvenciones en función de diferentes aspectos, situaciones, requisitos y casuísticas, con determinados límites de acceso.

Financiero: puede ofrecer líneas de crédito en beneficiosas condiciones, en función de determinadas situaciones, mediante campañas específicas según disponibilidad.

Aliado: para promover el desarrollo sostenible, mediante cesión de espacios públicos, publicidad gratuita en medios propios, etc.

Pero no hay que olvidar que las administraciones públicas son también organizaciones, y por lo tanto, deben incorporar la RSC en su estrategia y gestión, ya que los ciudadanos son los “accionistas” de dichas organizaciones y, por lo tanto, se les debe rendir cuentas con el mismo nivel de exigencia que a las empresas, con la ética y la transparencia como denominador común.

Ello implica la posibilidad de que la ciudadanía efectúe el debido escrutinio y, con sus votos, aprobar o no la gobernanza llevada a cabo, evaluando entre otros factores, los impactos que las administraciones públicas han generado, de índole social, ambiental, laboral, ético y de respeto a los derechos humanos.

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Los grupos de interés (VII): los proveedores

En la nueva era, conocida con el nombre de “la era de la sostenibilidad”, a partir de uno de os factores que la definen, las organizaciones empresariales son conscientes de sus impactos que generan a la sociedad y al medio ambiente, por su actividad. Este conocimiento y esta conciencia provoca el surgimiento de una nueva empresa, que en este blog se bautiza con el nombre de “empresa disponible”.

La gestión, control, medición y rendición de cuentas del impacto que genera la nueva empresa, se basa en la implementación de la RSC, Responsabilidad Social Corporativa, en su estrategia, gestión y operación.

Uno de los elementos de gestión de la RSC, es la definición, priorización, relación y diálogo con los grupos de interés con los que la nueva empresa interactúa, en la medida en que, de una manera u otra, son afectados por los impactos que genera por su actividad.

El grupo de interés que se analiza en el presente artículo es el de “los proveedores”. Se considera un grupo de interés externo que existe en todas las empresas, formando parte de su cadena de valor.

Los proveedores, pueden serlo de materias primas, subproductos y productos, pero también de servicios tales como energía, telecomunicaciones o infraestructura. Además, existen los proveedores de recursos de tipo económico, como los bancos, socios, accionistas, prestamistas, etc.

Aquí sólo tenemos en cuenta a los proveedores que forman parte de su cadena de valor, es decir, a los que intervienen en la elaboración, producción, distribución y venta de los productos y/o servicios que la empresa proporciona a la sociedad.

Siguiendo las recomendaciones de la guía de la norma ISO 26000, se establecen algunos métodos para ejercer influencia en una organización, para aumentar los impactos positivos en el desarrollo sostenible, o minimizar los impactos negativos, o ambas cosas a la vez.

A continuación, se exponen esos métodos, adaptados a los proveedores y, en general, a la cadena de valor:

– Establecer disposiciones contractuales o incentivos para la cadena de valor.
Declaraciones públicas emitidas por la organización, en la que involucra también a la cadena de valor.
Involucrarse con las partes interesadas en general, y con los proveedores en particular.
Compartir conocimientos e información, para el logro de los objetivos relacionales entre la empresa cliente y su proveedor.
Realizar proyectos conjuntos.
Hacer lobby responsable y utilizar las relaciones con los medios de comunicación.
Promover las buenas prácticas.
Formar alianzas y sinergias para la obtención de mejores resultados mutuos.

Los proveedores, a partir de la consideración de los métodos y prácticas descritas, tienen la oportunidad para diferenciarse de la competencia a partir de su adhesión a los criterios que definen la actuación de empresa socialmente responsable.

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